Vía Láctea, guía de peregrinos a Galicia

Vía Láctea, guía de pereginos a Galicia” es una serie de fotografía nocturna de los fotógrafos gallegos Daniel Lois y Daniel Llamas que retratan el centro galáctico desde distintas localizaciones de la comunidad gallega. A priori una expo muy interesante. La exposición es itinerante pero hasta el día 26/09/2019 se puede ver en el Pazo de Fonseca, en Santiago de Compostela.

Cartel oficial anunciador de la exposición.

Tras haberla recomendado en mis redes sociales debo admitir que he salido de ella muy decepcionado, dándome la impresión de haber visitado una exposición demasiado cutre para lo que se espera de un evento fotográfico de este calibre. Mi visita tuvo lugar el pasado 14 de septiembre de 2019.

La galería donde está expuesta la obra goza de una estupenda luz natural cuya procedencia son los enormes ventanales que pueden a su vez producir un exceso de iluminación en momentos puntuales dependiendo de la posición del sol y de la climatología.

El material escogido para exponer las imágenes era demasiado brillante dando la impresión al espectador de estar ante obras impresas en plástico barato y tuve que admirar muchas de ellas en cuclillas para evitar los duros reflejos.

Algunas fotografías sufrieron visibles desperfectos durante su traslado (lo cual es desgraciadamente bastante habitual en este tipo de eventos). Sin embargo, la mayoría (por no decir todas) estaban cubiertas de una visible capa de polvo, sucias y marcadas por los dedos de los espectadores o quizás de alguno de los propios autores durante sus animadas conversaciones con las asistentes femeninas (un poco más adelante me explico).

Tenían una pieza en concreto que hablaba acerca de la analogía con el camino de Kumano, una vía de peregrinación en Japón que podemos comparar con nuestro Camino de Santiago. Esa fotografía presentaba unas marcas que hacían pensar que se trataba de caligrafía japonesa y me quedé un poco con las ganas de preguntar al autor si formaba parte de la obra mediante el uso de una técnica llamada flou o ‘flow’ en el que se utilizan ciertos tipos de materias grasas para “manchar” la lente del objetivo y crear efectos variados, generalmente de corte pictórico. Pero podía también tratarse de un retoque digital o incluso de la gamberrada de un “manazas”.

Una pena que hubiesen elegido una presentación tan mediocre, pues los libros que se ofrecían en el evento estaban muy bien encuadernados y eran de gran calidad, se vendían en tamaños adecuados para poder disfrutar mejor de las imágenes… pero, sinceramente, si no te preocupas de mostrarme el producto antes de vendérmelo, yo no te lo compro… ni siquiera me lo planteo.

Estatua del arzobispo Alfonso de Fonseca y Ulloa en el claustro del Pazo de Fonseca de la Universidad de Santiago de Compostela. Fotografía: Anxo Dafonte, 2019, iPhone X.

Para redondear semejante despropósito, tuve la mala suerte de coincidir con uno de los autores (sí, la mala suerte, prefería no haberlo hecho). Se trataba de Daniel Lois al que reconocí al momento porque lo seguía en mis redes sociales… hasta esa misma tarde.

Como aficionado a la fotografía, debo confesar que a veces me cuesta mucho implicar a terceros en esta pasión porque me tomo tanto tiempo admirando las imágenes que normalmente mis acompañantes acaban por aburrirse. Es por ello que cuando no voy solo (en este caso me acompañaba mi familia) y con esa pasión que me caracteriza cuando observo una fotografía o una pintura, trato de desgranarla y analizarla tanto técnica como compositivamente y explicar a mis acompañantes qué es lo que veo y cómo me hace sentir.

En cuanto vi a Daniel Lois se lo indiqué a mi familia. Se encontraba éste dando animadas explicaciones sobre el equipo utilizado y de cómo realizaba su trabajo a un grupo de mujeres que atendían un poco despistadas y aburridas. Dejé que terminase su explicación e incluso dió la casualidad de que se aproximó a la zona donde yo me encontraba hablando de sus imágenes con mi familia en voz alta. Fue entonces cuando me molesté en felicitarle por la exposición y su respuesta fue exactamente: “¿Cómo?” a lo que le repetí en gallego: “Digo que parabéns pola exposición” (en español “Digo que felicidades por la exposición”). Igual una persona de fuera de nuestra comunidad no me hubiese entendido el parabéns, pero considero que un gallego de Narón sí debería hacerlo. Se limitó a responder con un simple y frío “Gracias”. En ese momento tampoco me esperaba más ni necesitaba ninguna otra palabra, pero sí que la expresión de su rostro al menos fuese más apasionado y no tan de indiferencia.

El caso es que seguimos, yo a lo mío (disfrutar y comentar a mi familia las imágenes) y él con su grupito de mujeres que se estaban despidiendo. No tengo ni idea de si habían visto la exposición entera, sinceramente lo dudo. 

Si yo soy el autor y, veo a alguien analizando mi trabajo, me hubiese entonces acercado a saludar, a agradecer la visita y sobre todo a ser yo mismo quien exponga durante un tiempo mi propia obra… además, en el caso de este autor, igual conseguía vender uno de esos talleres que ofrece de fotografía nocturna. Pero no, Daniel Lois prefirió saltarse a esa familia que se tomaba su tiempo en cada fotografía, que se veía que a uno de los miembros le encantaba no solo el trabajo sino también la disciplina expuesta, para desplegar toda su simpatía en otra mujer que acababa de entrar y se encontraba sola.

Se me olvidaba un detalle: yo portaba en mi mano, aunque apagada y con la tapa de la lente puesta, mi básica cámara réflex de iniciación. Quizás ese equipo “no pro” hizo que me tomase por un ser inferior (aunque podría también haber pensado un poco que igual estaba ante un alumno en potencia).

Finalmente el autor decidió abandonar la exposición a las 13:30h cuando ésta finalizaba a las 14:00h; eso sí, tras haber charlado amenamente con todas las asistentas a excepción de mi familia. A pesar de ello, yo había ido a disfrutar de la fotografía nocturna y no de su autor, del que no contaba siquiera con su presencia aunque siempre sea un plus; así que, yo aproveché para tomarme mi tiempo y fuimos los últimos en abandonar la galería a las dos en punto.

No sé a qué se debe esa conducta tan altanera y engreída pues no es habitual en los y las profesionales de la fotografía, quisiera pensar que alguien a sobre alimentado el ego de este autor y que por eso se cree por encima de las personas que visitan su exposición. Un ejemplo del mal que hacen ciertos artículos es uno que salió en La Voz de Galicia donde el redactor no supo ni escribir correctamente el título de la exposición (a día de hoy dice textualmente el subtítulo: “La exposición “Vía Láctea, guía de peregrinos de Galicia” se inaugura en el pazo de Fonseca” ; lo que indica que mucho interés sobre la misma no tenía, quizás que de fotografía nocturna tampoco tenía ni idea al afirmar que estos autores son (y cito) “los mejores fotógrafos del firmamento”. Una afirmación tan exagerada como carente de criterio.

Sintiéndolo mucho, mi opinión acerca de lo que vi y sentí no puede ser en este caso muy favorable, y créeme que me gustaría que así fuese, porque soy de la filosofía de que si tengo que pagar un servicio prefiero hacerlo cerca de casa a exportar mi dinero. Valoro muchísimo el trabajo que hay tras una fotografía y me parece muy bueno el que realizan estos dos autores. Pero el autor no debe nunca despreciar el tiempo y el esfuerzo que gasta un espectador cuando se acerca a ver su obra. Sobre todo si pretendemos vivir de ello y aprovechar el tirón de la exposición para ofrecer talleres fotográficos. A mi al menos no me van a pillar en ninguno y mis razones son muy precisas: estoy seguro de que si en el taller al que voy coincido con compañeras femeninas en clase (que es lo ideal y me encanta que así sea), es muy probable que me vuelva tan invisible como en sus exposiciones por más que eleve mi voz y creo que mi dinero a la hora de invertir en formación vale tanto como el de cualquier otro (o incluso más teniendo en cuenta mi nivel social y mis ingresos, ya que para mi, cualquier gasto de este tipo exige un esfuerzo que también realiza y afecta a mi familia).

No quisiera terminar sin agradecer al comisario de la exposición que se encontraba en ese momento el trato que sí nos brindó, pues él sí se percató de mi interés pero, desgraciadamente, no le adquirí ningún producto en ese momento explicándole mis motivos tal y como aquí me estoy expresando.

Conclusión: Los libros están muy bien en cuanto a encuadernación, presentación y formato. Los editores y comisarios de la exposición han hecho un buen trabajo al respecto. El lugar también resulta muy interesante para exponer. Sin embargo, los materiales usados y la actitud de uno de los autores, la ha hecho desmerecedora de todo mi interés.

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